Langostinos y manglares


Hace no demasiados años, en España, comer marisco era un lujo prohibitivo, que sólo se satisfacía en determinadas situaciones como en un banquete de bodas o una cena de Navidad. Degustar una “mariscada” era señal de prosperidad, ya que su coste era muy elevado para una economía media. Comprar marisco en el supermercado, era un derroche excesivo para la mayor parte de las economías familiares. Determinadas especies, tales como almejas o mejillones eran más asequibles, ya que se producían en las bateas costeras. Sin embargo, los langostinos, producto normalmente de pesca extractiva, se mantenían entre las especies inaccesibles para el español medio.

Hoy en día, esta situación ha cambiado. Los supermercados están llenos de langostinos a precios que un consumidor medio más o menos puede pagar. Esta situación se debe a que, a nivel mundial, hoy día, las dos terceras partes de los langostinos son de capturas en el mar, mientras que la tercera parte son de cultivo. Estos últimos provienen, en su mayor parte, de países como Ecuador, Brasil, Filipinas o Malasia. Ya no son sólo productos de la pesca extractiva, sino de la denominada “revolución azul”, que es el desarrollo de la acuicultura, apoyada por organismos internacionales como el Banco Mundial.

Estos langostinos se crían en zonas costeras de países de clima tropical. Estas zonas estaban hasta ahora ocupadas por bosques de manglares.


El manglar es el equivalente costero del bosque lluvioso en tierra. Son ecosistemas que contienen una enorme biodiversidad. Las nudosas y retorcidas raíces de los árboles se hunden en las aguas saladas, formando un entramado que da cobijo a multitud de especies animales, como peces moluscos y crustáceos. Además, protegen a estas costas de la erosión y proporcionan
multitud de recursos a las poblaciones locales.

El bosque de manglar es realmente singular. Se desarrolla sobre los estuarios fluviales y los litorales protegidos de las zonas costeras ecuatoriales, tropicales y subtropicales. Están adaptados al flujo de las mareas. Con marea alta (pleamar), sus copas se hallan prácticamente cubiertas con el agua. Durante la bajamar son visibles sus raíces respiratorias, que captan el oxígeno atmosférico y lo transportan a las raíces enterradas. Esta increíble adaptación les permite sobrevivir en un suelo sin oxígeno y con altas concentraciones salinas. Sus suculentas hojas están adaptadas a la escasez de agua dulce y son capaces de eliminar el exceso de sal.

El cultivo del langostino tropical, también conocido como camarón o camarao, se realiza en piscinas por la industria camaronera. Para ello se han transformado miles de hectáreas de mangle en estanques de cría, utilizando larvas del medio marino, productos químicos, piensos para alimentar a los langostinos, con grandes volúmenes de agua limpia que es devuelta a los estuarios con altas concentraciones de materia orgánica y productos químicos. Pasado un tiempo, la salinización y la contaminación por antibióticos que originan las piscinas de camaronicultura hace que la zona sea abandonada, recomenzando el proceso con la tala de un nuevo manglar.

Aunque este tipo de exportaciones ha generado riqueza y empleo, también ha sido contestada por habitantes de las aldeas afectadas en Honduras, Ecuador, Sri Lanka o Filipinas. El modo de vida de estas poblaciones está basado en un aprovechamiento sostenible de los recursos proporcionados por los manglares, como el marisqueo, el carboneo, la pesca a pequeña escala, etc.

Estas tierras son de titularidad pública y de uso comunal, teóricamente protegidas por la legislación. Sin embargo, a veces se han producido apropiaciones ilegales y por la fuerza, privando a los habitantes locales de su medio de vida. No sólo se está hablando de una riqueza económica, sino ecológica. El manglar otorga criaderos para peces, hábitats de alta biodiversidad, patrimonios genéticos, especies resistentes a los medios salinos, protección ante huracanes y crecidas, siendo éstas sólo algunas de sus importantísimas funciones.

De esta manera, se produce un enfrentamiento entre dos opciones, dos opiniones, dos tendencias, que además, son difícilmente compatibles.

Desde el punto de vista económico, la exportación ha mejorado la economía de estos países, y por ende, la de su población. Hecho claramente apoyado por los organismos financieros internacionales. Esto traerá a la larga una mejora de su calidad de vida, ya que el excedente económico se podrá (o debería en todo caso) traducirse en mejores servicios sanitarios, educativos, asistenciales para la población.

Desde el punto de vista ecológico, se pierde una zona natural de un inmenso valor ecológico, al tiempo que los habitantes de esas zonas pierden su modo tradicional de vida. Todo esto redunda a largo plazo en una pérdida de calidad de vida.

Pese a lo que piensen algunas opciones políticas, técnicas, científicas o sociológicas, la opción no es clara, ni el debate es sencillo. Hay van algunas preguntas que lo demuestran:

- ¿Qué calidad de vida es mejor para la población, la tradicional, basada en una economía sostenible, pero frecuentemente mísera, o la basada en el progreso económico, con elevados niveles asistenciales, educativos y sanitarios, pero con deterioro ecológico y pérdida de valores y raíces culturales?

- ¿Con qué derecho los países desarrollados imponemos a los países en desarrollo una economía sostenible, cuando la nuestra lleva siglos de depredación sobre la Naturaleza?

- ¿La economía basada en la cría del langostino se realiza en beneficio de toda la comunidad, o beneficia a unas minorías, provocando aún más desigualdad?

- ¿A pesar de todo, no se deberían proteger los manglares porque su desaparición sería una pérdida ecológica irreversible?

- ¿Si los países desarrollados no queremos que desaparezcan los manglares porque su desaparición implica a toda la Humanidad, acaso no deberíamos costear la pérdida económica que deben soportar sus habitantes por su conservación?

- Es cierto que el cultivo del langostino está destruyendo los manglares, pero ¿no es menos cierto que su cultivo disminuye la presión sobre el medio marino?

- Si se destruyen los manglares, ¿no será acaso por una mala planificación, pues debiera estar prohibido el cultivo en zonas costeras sensibles?

Son todas preguntas de difícil respuesta. Como se puede ver no es un problema de fácil solución. Sin embargo, la progresiva desaparición de los manglares no provoca la misma inquietud en el mundo occidental, ni los mismos efectos sobre la concienciación internacional o cambios en la legislación, como han provocado otros actividades sobre el medio marino, por ejemplo las redes de pesca que diezmaban la población de tortugas marinas o la caza de ballenas.
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